sábado, 23 de mayo de 2015

Viviana Ghizzoni, una artista completa.



Bajo la lupa:
Nombre completo: Viviana Beatriz Ghizzoni.
Edad: 33 años.
Signo: Tauro.
Lugar de nacimiento: Buenos Aires.
Un autor de teatro: Antón Chejov, Mauricio Kartún y Javier Daulte.
Un director de teatro: Rafael Spregelburd.
Un actor de teatro nacional: Roberto Carnaghi, Alejandro Urdapilleta y Antonio Gasalla.
Una actriz de teatro nacional: Leonor Manso y Norma Pons.
Las tres mejores obras que vio últimamente: “La verdad” de Cappa, “Piedra sentada, pata corrida” de Ignacio Bartolone y “El combate de los pozos” de Andrea Garrote.
Las tres mejores películas que vio últimamente: “Invasión”, de Hugo Santiago Muchnick, con guión de Jorge Luis Borges. “Pieza inconclusa para un piano mecánico” de Nikita Mikhalkov. “Funny y Alexander” de Ingmar Bergman.
Un miedo: A conducir un auto.
Una alegría: Las buenas charlas.
Algo que la defina: La curiosidad.


Arte, instancia cero.
El arte estuvo presente en mi vida desde siempre: mi padres tocan piano y guitarra. Mi abuelo el violín. Mi hermana estudiaba danzas y se la pasaba bailando a mi alrededor. Así que a los cinco años arranqué con danza clásica, tap y español. Me subí por primera vez al escenario a esa edad. El debut fue en el “Teatro Del Globo” para una platea enorme llena de padres que aclamaban y aplaudían. Pero no era mi sueño ser artista. Más bien tenía en mente las carreras de Sociología, Filosofía o Letras. De hecho cursé varios años de la Licenciatura en Psicología. Luego me descubrí a mi misma siendo feliz en las tareas del arte y perdí interés rápidamente por las demás actividades.

Artistas destacados.
Jorge Luis Borges, Arthurd Rimbau y Roberto Arlt son tres escritores constitutivos de mi mundo imaginario. David Lynch, Ingmar Bergman y Fellini son directores de cine fundamentales. Gustav Klimt, y todo lo que fue el expresionismo en pintura fue fundante de mi sensibilidad hacia la imagen, el color y el ritmo en lo visual. En el teatro: Alejandro Urdapilleta y el Paracultural de los 80. Esas fueron grandes guías, ejes en mí como artista.Ricardo Bartís como maestro, su concepción del teatro y del trabajo del actor. También mis compañeros en la UNA, en los talleres particulares y actualmente en las obras: sus formas de resolver la actuación en cada escena, de enfrentar desafíos, miedos...eso me va marcando el camino, y es un aprendizaje constante.

De profesión, artista.
Hay que ser muy ingenioso para ser actor de profesión y vivir bien. Ese es el desafío: ser creativo e inventar cosas que sean redituables económicamente. Eso es lo que yo intento hacer.

¡Eso no!
Me negaría a hacer algo que considere grosero y violento simbólicamente. Que abone el terreno de la cultura nefasta del consumo, de la ostentación, de lo banal, de la “inmediatez” como valor... lo que yo llamo “la pornografía de la idiotez”.

“Yacarazo”.
Es una obra que nos abre el mundo de cuatro mujeres a la vera del río Paraná. Cuenta la historia de cómo se unen para poner fin al mal que las aqueja: la matanza de hombres que las ha dejado viudas, huérfanas, solitarias. Ahora el objetivo es sobreponerse al dolor y enfrentarse a la bestia que carga con el nombre de un mito: El Yacaré Morado. En el encuentro de estos dos mundos, el mundo alegórico del yacaré y el concreto del día a día de estas mujeres queriendo cazarlo, se abre un abanico de posibilidades para todo tipo de absurdos, desbordes, situaciones cómicas y de gran sensibilidad.

Póker femenino.
Los cuatro personajes femeninos nos muestran varias facetas. Son mujeres dispuestas a ir al frente, son valientes. Pero también vulnerables, sensibles al amor y atadas a los recuerdos.

Debut artístico.
“Todos los Secretos” fue una hermosa experiencia. Tocar música mientras otros actúan, incidir en el clima y en la emotividad que se está creando en el momento es fantástico. Conlleva un ida y vuelta permanente donde ya no sabés si es el actor el que toca o sos vos el que está actuando. Una experiencia de las más maravillosas y mágicas.

Debut artístico II.
“Copia fiel” fue también una aventura increíble. Dieciocho mujeres improvisando, trabajando sobre una novela como punto de partida, viendo películas, creando sin límite, ensayando doce horas por semana y con la dirección de la genial Analía Couceyro. ¿Qué más se puede pedir? Fue un banquete de teatro y creación.

Sueños.
Me gustaría contar muchas historias... pero hay una que teniendo presupuesto se me facilitaría mucho. Es sobre la vida de un grupo de bomberos voluntarios y una tragedia como la de Puerto Madryn. Que en el elenco no falten Carnaghi ni Gasalla.

Sueños II.
Poder siempre actuar, dirigir y escribir. Crear mundos.


Crítica de “Yacarazo”.
Qué haríamos nosotras las mujeres sin los hombres. En principio muchas cosas, pero a la larga sentiríamos su falta. No son indispensables, pero lo son. Y “Yacarazo” habla un poco de eso. De ese dolor por no tenerlos, la insatisfacción por esperarlos y el malestar por el daño ocasionado, tanto en la ausencia como en la presencia.

Inteligente en su disposición, su director y autor Juan Fiori, nos plantea la situación a orillas del río Paraná, donde el Yacaré Morado ha eliminado a todos los hombres de la zona. Y es por ello que un grupo de mujeres, insatisfechas en su totalidad, se unen para darle fin a tal personaje.

La ambientación de la obra es simplemente perfecta. La recreación del río, de la barca, de la muelle y de la selva tierra dentro es exacta. La musicalización y los efectos sonoros son admirables. Su director pone la fantasía, sus cuatro actrices la magia. Ellas entendieron la obra desde la propuesta formal y se nota. La obra es un todo. Sin alguna de sus partes, no sería “Yacarazo”.

Otro punto alto de la obra es el vestuario. Esas botas con las que sus protagonistas transitan la historia son determinantes. Porque muchas veces, lo grande se construye de detalles y este es un claro ejemplo. Por último, la aparición del Yacaré Morado. Mezcla de superhéroe con lo más rudimentario del pensamiento masculino. Fuerte y débil a la vez. Ahí hay estudio y se también se nota.

Agustina Trimarco, Viviana Ghizzoni, Lucía Costantino y Belén Ribelli le ponen el cuerpo a esas no tan indefensas mujeres, que a la espera, matan el tiempo de la forma más absurda, como solemos hacer nosotras cuando nos desespera el mientras tanto. Por su parte, Gastón Filgueira Oria hace del yacaré.

“Yacarazo” no es un simple nombre. Es un concepto basado en la obra. Si no fuera tan potente, el nombre le quedaría grande o si su director no hubiese estado convencido de su texto, la hubiese llamado “A orillas del Paraná”. Pero es consciente de ello Juan Fiori y por eso nos aniquila de forma contundente. Su “Yacarazo” es lo que muchas de nosotras sufrimos. La ausencia del hombre, de la fuerza, del poder masculino. La conformidad femenina de reemplazar lo que, por lo general, es irremplazable.

Entrevista y crítica son propiedad exclusiva de Natalia González para Teatro con Rouge.





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